Es la historia de una familia enraizada en la Fe Católica: Seis hermanos (cuatro de los cuales eran Jesuitas) y una madre que luego tomó el hábito de Salesa.  Todos emparentados con una visita Celestial: La MADRE de DIOS y MADRE NUESTRA a una aldea pobre de Cantabria. Y uno de ellos, el P. Luis María, que vio el futuro Gran Milagro profetizado y que luego murió de felicidad. Dicen varios testigos que "nunca hubo una Misa igual" a la del P. Luis celebrada en la Iglesia del pueblo antes de ver el Milagro y fallecer.

FOTO:  P. Luís, P. Marcelino, María Luisa, P. Ramón y Rafael Andréu

Del Padre Luis María Andréu antes de fallecer luego de ver el Milagro en Garabandal:

“Estoy pleno de dicha. ¡Qué regalo me ha hecho la Virgen! Que suerte tener una madre así en el cielo. No hay que tener miedo a la vida sobrenatural. Las niñas nos han dado ejemplo de cómo hay que tratar a la Virgen. A mí no cabe duda que lo de las niñas es verdad. ¿Por qué nos habrá elegido a la Virgen a nosotros? Hoy es el día más feliz de mi vida.”

Video donde se ve al Padre Luis M. Andréu en el pueblo de Garabandal (1961)

La familia Andreu está compuesta de seis hermanos, cuatro de los cuales son Jesuitas: Alejandro, misionero en Venezuela; Ramón, fallecido en 2005; Luis, quien murió el día 9 de agosto de 1961; y Marcelino, misionero en Formosa. La Señora de Andreu (María Luisa), la mamá de los sacerdotes, quien había entregado al sacerdocio divino a cuatro de sus hijos, tomó el hábito de Salesa el 19 de marzo de 1962, e hizo su profesión solemne el 19 de marzo de 1965 estando presentes sus hijos por petición del Papa Pablo VI.

 

La muerte del Padre Luis María Andreu es uno de los puntos de referencia más importantes en la historia de Garabandal. El Padre Luis era profesor de teología en la facultad que la Compañía de Jesús tenía en la Provincia de Burgos. Cuando murió tenía 36 años. Había subido a Garabandal, junto con su hermano Ramón, los últimos días de julio de 1961, y volvió de nuevo el día 8 de agosto. Ese día el sacerdote de Garabandal, el Padre Valentín Marichalar, le dio las llaves de la Iglesia, y el Padre Luis ofició la que habría de ser su última misa.

VIDEO: Testimonio del Sr. David acerca de la última Misa del P. Luis M. Andréu antes de ver el milagro y fallecer

“Hacia el atardecer las cuatro niñas cayeron en éxtasis dentro de la Iglesia. Luego salieron en éxtasis y el Padre Luis las siguió de principio a fin. Las niñas subieron – siempre en éxtasis – en marcha velocísima hasta los pinos. Se arrodillaron y cantaron el himno a San Miguel Arcángel. En ese mismo momento apareció el Padre profundamente emocionado y por cuatro veces repitió la palabra “¡Milagro, Milagro!”.

 

¿Qué ocurrió para que el Padre Luis pronunciara aquellas palabras de Milagro, Milagro…? Según las niñas el Padre vio el gran Milagro anunciado por la Virgen. Por él no lo sabemos, porque al regresar en coche, aquella misma noche, después de decir que había sido el día más feliz de su vida y de asegurar que estaba muy contento porque la Señora le había hecho un regalo, y de insistir en que se encontraba muy bien y que no estaba ni siquiera cansado, se quedó muerto en el coche sin hacer el menor movimiento, con una dulce expresión en su rostro.

 

En efecto, la noche del 8 de agosto el Padre Luis bajó en coche hasta el pueblo de Cosío. Era de la 1:00 de la mañana mientras la caravana de varios automóviles cruzaba el pueblo de Reynosa, cuando el Padre dijo lo siguiente:

 

 

 

“Estoy pleno de dicha. ¡Qué regalo me ha hecho la Virgen! Que suerte tener una madre así en el cielo. No hay que tener miedo a la vida sobrenatural. Las niñas nos han dado ejemplo de cómo hay que tratar a la Virgen. A mí no cabe duda que lo de las niñas es verdad. ¿Por qué nos habrá elegido a la Virgen a nosotros? Hoy es el día más feliz de mi vida.”

 

Diciendo él esto se quedó silencioso y al instante murió. En una clínica cercana no se hizo más que constatar su fallecimiento; sin embargo, el Padre no padecía ninguna enfermedad y murió sin agonía y sin sufrimiento.

VIDEO:  El P. Luis M. Andréu en Garabandal y su posterior fallecimiento

Pero la historia del Padre Luis María Andreu no termina aquí. Tal y como Conchita afirma en su diario, las niñas afirman haber hablado con él durante uno de sus éxtasis. Según las videntes ellas veían la luz propia de las visiones, y, como saliendo de la luz, se oía la voz del Padre Luis. Las niñas decían lo siguiente:

 

“Lo oíamos pero no lo veíamos. Se quedó un rato hablándonos y dándonos consejos. Nos dijo ciertas cosas de su hermano Ramón María Andreu y nos hizo rezar el Ave María en griego.”

 

En alguna ocasión sostuvieron este prodigioso diálogo estando presente su hermano, el Padre Ramón, quien al oírles aquella extraña versión se desilusionó enormemente, pensando que se trataba de un estado enfermizo de sensibilidad, donde las niñas, afectadas por la muerte de su hermano, decían ahora que hablaban con él como lo hacían antes con la Virgen Santísima. Mas la sorpresa del Padre Ramón fue grande cuando escuchó el diálogo de las niñas en un perfecto estado de éxtasis. En efecto, dice el propio Padre Ramón lo siguiente:

 

“Fui a ver a las niñas en éxtasis y escuché las conversaciones con el Padre Luis. Al cabo de un cierto tiempo, ya no sabía que pensar. Estaba verdaderamente estupefacto: las niñas repetían delante de mí las palabras de su visión, y las oía narrar la muerte de mi hermano y el desarrollo de los funerales… en otra ocasión, oí a las niñas en éxtasis decir que mi hermano Luis había muerto sin haber hecho su profesión de votos, como así era verdad. Hablaban también de mí y de mis votos: conocían la fecha precisa, el lugar exacto donde habían sido hechos, el nombre del Jesuita que los había hecho al mismo tiempo que yo. Comprendan mi asombro, mi estupefacción, ante ese preciso encadenamiento de detalles rigurosamente exactos, cuando yo sabía, sin duda, que las niñas no podían tener conocimiento de ellos, al menos humanamente… también oí a una de ellas recitar el Ave María en griego.”

VIDEO:  Se oyó la voz del difunto Padre Luis M. Andréu en Garabandal: Maximina González, Padre García de la Riva y Padre Ramon Andreu testimonian del Padre Luis María Andreú

Ahora bien, Conchita González explica en su diario, que el día que el Padre Luis repitió en cuatro ocasiones la palabra ¡Milagro, Milagro!, ella y las otras niñas videntes además de ver durante el éxtasis a la Santísima Virgen, también veían al Padre Luis, y la Virgen les dijo que el Padre Luis en ese momento la veía a Ella y también veía el futuro gran Milagro anunciado.

 

Posteriormente, el día 18 de julio de 1964, Conchita afirmaba en su diario lo siguiente:

 

“El día del Milagro, el cuerpo del Padre Luis Andreu será sacado incorrupto de su sepulcro...”

 

Y el día 2 de agosto, Conchita escribe al Padre Ramón lo siguiente: “…el 18 de julio de 1964 tuve una locución en la que se me dijo que al día siguiente del Milagro sacarán a vuestro hermano de la tumba, y encontrarán a su cuerpo incorrupto…”

 

El Padre Luis Andreu fue enterrado el 9 de agosto de 1961. Quince años después, es decir, a principios de 1976 el Seminario donde se encontraba enterrado el Padre Luis fue transformado en Sanatorio Psiquiátrico, por lo que tuvo que ser exhumado el cuerpo del Padre Luis y trasladado al Cementerio Jesuita del Santuario de San Ignacio de Loyola (ver video).

VIDEO: Tumba del P. Luis M. Andréu en el cementerio de San Ignacio de Loyola // FOTO: Mari Loli en la tumba del P. Luis

Conchita ha dicho y repetido que la Virgen la había aclarado en una locución que al día siguiente del Milagro se encontraría intacto e incorrupto el cuerpo del Padre Luis. Por tanto, el anuncio no se refiere, pues, al estado del cuerpo antes del Milagro, sino después del Milagro, exactamente al día siguiente del Milagro.

 

¿Qué podemos decir de todo esto en relación con la historia del Padre Luis Andreu y el futuro milagro anunciado por Dios a través de María Santísima en Garabandal? Resulta claro que el Padre Luis el día 8 de agosto de 1961 hacia las 22:00 horas tuvo la visión de lo que será el gran Milagro futuro. Por tanto, al ser un sacerdote, esto nos inclina a pensar y a deducir válidamente de que el Milagro tendrá una relación muy clara con el sacerdocio. Esto no supone nada nuevo; las apariciones de Garabandal, además de ser eminentemente eucarísticas, son claramente sacerdotales, y todo ello en relación a los múltiples milagros en relación con la Eucaristía que ocurrieron en Garabandal, así como el hecho de una especial predilección mostrada a los sacerdotes durante la época de las apariciones.

 

Ahora bien, el Padre Luis dijo algunas frases muy significativas: “Estoy pleno de dicha. ¡Qué regalo me ha hecho la Virgen! ¡Hoy es el día más feliz de mi vida!”. La pregunta que nos hacemos es la siguiente ¿Cuál es el día más hermoso en la vida de un sacerdote? El día de su ordenación o el día de su primera Misa. Sin embargo, el milagro proporcionará una alegría más intensa que el de la ordenación o el de la primera Misa. ¿Qué se puede decir al respecto de esto? Dios no hace las cosas sin sentido, las coincidencias tienen una razón divina y a nosotros nos corresponde descubrir esta maravillosa lección.

 

El Padre Luis Andreu, en los pinos, hacia las 22:00 horas del día 8 de agosto de 1961, gritó por cuatro veces “¡Milagro, Milagro!”. Conchita dice en su diario que Padre Luis vio al mismo tiempo a la Virgen y al Milagro. Horas más tarde, el 9 de agosto en la madrugada, murió de amor y de gozo y también con una completa certeza sobre las apariciones. Sin duda alguna el Padre Luis murió de felicidad, y así lo comprobamos cuando la Santísima Virgen le dijo a Conchita precisamente que el Padre Luis había muerto de felicidad, por lo que los hombres en el futuro que vieran el gran Milagro no morirían de felicidad por una gracia especial que Dios les va a conceder. Y nos seguimos preguntando ¿qué fiesta celebra la Iglesia el día 8 de agosto desde 1960 y la 9 de agosto antes de 1960? Ese día coincide con la festividad del Santo Cura de Ars, y no deja de llamar la atención que esta fiesta coincida con la visión del Milagro y con la muerte del Padre Luis. En todo eso hay un profundo significado. En efecto, al leer los escritos del Santo Cura de Ars – Juan María Vianney – se encuentra la siguiente frase:

 

“¡Oh, que cosa tan grande es ser un sacerdote! No se le comprenderá bien más que en el cielo. Si se nos dijera: “a tal hora se va a resucitar un muerto”, correríamos a toda prisa para verlo; ¿pero no es la consagración que cambian el pan y el vino en cuerpo y sangre de un Dios, un milagro mayor que resucitar un muerto? Después de la consagración, el buen Dios está allí como en el cielo. Si el hombre conociera la verdad de este misterio: ¡se moriría de gozo y de amor! Sólo la gracia divina en ayuda de nuestra debilidad nos conservaría con vida…”

Sin duda alguna el Padre Luis murió de felicidad. No pudo con el gozo y la verdad de lo que había visto; no contó con la gracia divina que lo hubiera mantenido en vida (como sí la tendremos en el día del futuro Milagro); pero lo que sí es contundente, es el hecho de que el Padre Luis tuvo, en un instante, con la gracia de Dios, el conocimiento y la comprensión, en esencia, del misterio del sacerdocio y de la Eucaristía, del misterio de la transubstanciación del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo – tal y como lo dice el Cura de Ars – y que permanece oculto a nuestra debilidad humana. Así pues, podemos afirmar que el futuro milagro tendrá una íntima relación con el misterio del sacerdocio y de la Eucaristía, haciéndonos comprender, en la luz de Dios, lo que son en realidad estos dos grandes misterios, y cómo los toma Dios, y que son ni más ni menos el alma y el corazón de nuestra Iglesia. El misterio de la Eucaristía que hoy es tan combatido, ignorado, despreciado e irreverenciado, serán puestos en magnificencia por parte de Dios para que podamos comprender el profundo amor que Él tiene por cada uno de nosotros, y que nos ha tenido desde aquella última cena con sus apóstoles y que le ha llevado a ofrecerse todos los días en el santo sacrificio de la Santa Misa, una vez y cada día, a su Eterno Padre, en reparación de nuestros pecados y para la salvación del mundo entero.

 

Que mejor que después del Aviso que habrá de venir al mundo y que dejará a los hombres sensibilizados de lo que es Dios y del estado de nuestras almas, después venga este Milagro fruto de la Misericordia de Dios que nos hará enamorarnos profundamente de la Eucaristía, como fortaleza necesaria y fundamento para los días de tribulación que habrán de azotarse al mundo y a la Iglesia.

 

 

P. Luis celebrando con suma devoción la Santa Misa  //  Tres de los hermanos Jesuitas: Alejandro, Ramón y Luis con su madre María Luisa

P. Luis y Ramón en París  //  La Madre en el convento de las Salesas  //  P. Marcelino leyendo el 2do Mensaje en casa de Conchita

Imágen del P. Luis en Garabandal mientras era testigo del Milagro con las niñas en éxtasis viendo a la Virgen

Entierro del Padre Luis María Andréu  //  Jacinta rezando en el velatorio del Padre Ramón María Andréu

Begoña Andreu, mis recuerdos

La sobrina del Padre Ramón Andreu recuerda a su tio y sus propias vivencias en Garabandal.

Begoña Andreu, a la izquierda, su madre a la derecha, con Mari Cruz y Jacinta, en Garabandal, año 1961

La sobrina del Padre Ramón María Andreu recuerda a su tío y sus propias vivencias en Garabandal.

 

Begoña tenía 13 años cuando fue al pueblo por primera vez. Dice Begoña:

 

Mis recuerdos de Garabandal son muy claros a pesar de mis 56 años. La primera vez que fui a Garabandal fue después de la muerte de mi tío (Padre Luis María Andreu S.J.). Mis padres, mi tío Ramón y yo fuimos acompañados por la familia Fontaneda. Esta familia acompañaba a mi tío el P. Luis la noche que murió volviendo del pueblo.

 

Antes de llegar a Garabandal paramos en Aguilar de Campoo donde vivía la Familia Fontaneda. Allí compré varias estampas con la imagen de Nuestra Señora y el Niño Jesús. Durante el viaje a Garabandal busqué entre las estampas la más bonita para mí; pensaba dar las otras a las videntes.

 

Varias horas después de que llegamos, oímos que Mari Loli estaba en éxtasis en su casa. Fuimos allí y vimos que la gente ponía en un recipiente rosarios, estampas, medallas y anillos para que la Virgen los besase. Yo puse allí mi estampa también para que la besase Nuestra Señora. Mari Loli, en éxtasis cogió cada objeto y lo dio a besar a la Virgen y después, sin mirar a la persona, lo devolvía a su dueño sin equivocarse nunca.

 

Cuando Mari Loli cogió mi estampa y la dio a besar a la Virgen la puso de nuevo en el recipiente. Oí a Mari Loli que preguntaba a la Virgen por qué no besaba mi estampa. En ese momento me llené de tristeza y, llorando, fui a decírselo a mi tío, el P. Ramón. Le conté que durante el viaje había sido egoísta escogiendo para mi la estampa más bonita y que estaba muy triste. Él me dijo:

 

-- No te preocupes, aprende a no ser tan egoísta la próxima vez.

 

Entonces volví donde Mari Loli que estaba todavía en éxtasis y la vi que cogía de nuevo mi estampa y la ofrecía de nuevo a la Virgen diciendo:

 

-- Ahora ¿sí que quieres besarla?

 

La dio a besar y vino a mi y me la devolvió. Me quedé sin palabras.

 

Cuando Mari Loli salió del éxtasis, el P. Ramón le preguntó por qué la Virgen no había besado la estampa la primera vez. Ella dijo que él ya sabía por qué - como dijo su sobrina al P. Ramón fue por su egoísmo - y porque entonces yo lo comprendí y me arrepentí, la besó. Esto me quedó muy grabado.

 

Fui testigo de muchísimos éxtasis porque pasaba el tiempo jugando todo el día con las videntes. En una ocasión Conchita entró en éxtasis mientras cogía su mano en uno de nuestros juegos y tuve que ir con ella a todos los sitios durante el éxtasis porque me era imposible separar mi mano de la suya.

 

Tengo grandes recuerdos de todos mis tíos pero sobre todo del P. Ramón que era mi tío favorito. De niña fue como mi padre, porque durante mi niñez, mi verdadero padre estaba trabajando en Venezuela. Siempre que el P. Ramón venía a Madrid se quedaba con nosotros. Jugaba mucho con él. Me gustaba oírle contar historias porque las contaba muy bien. Dio también conferencias en mi Colegio y cuando las otras niñas oían que mi tío daba una conferencia, ninguna faltaba; les gustaba oírle. Les gustaba confesarse con él porque era muy comprensivo y hacía que se sintiesen bien. Yo era su única sobrina y me adoraba.

 

No tuve mucha relación con mi tío el padre Luis porque yo era muy pequeña y él vino a España con menos frecuencia. Además murió muy joven. Lo mismo me pasó con mi tío el P. Marcelino que estaba lejos de misionero. Con mi tío el Padre Alejandro estuve dos años en Venezuela. Todos eran encantadores.

 

La última vez que estuve con los tres juntos, con Alejandro, Ramón y Marcelino, fue cuando estuve embarazada de mi hija Itzier, la más joven, hace diecinueve años. Tuve que guardar reposo en cama y ellos estaban siempre conmigo haciéndome compañía.

 

Nosotros queríamos mucho al Padre Ramón. Era muy comprensivo y generoso y tenía un gran amor a Nuestra Señora.

Más información extraída del diario de Conchita:

En los días que estuve yo en Santander, había en el pueblo dos Padres Jesuítas: el Padre Ramón María Andréu y el Padre Luis María Andréu venían como muchos sin creer nada.

 

     “El hecho que cuenta Conchita tuvo lugar en los últimos días del mes de Julio, hacía el día 28. La niña no fue testigo de ello. Ella no hace más que contar lo que ha oído.”

 

    Un día de estos en que estuvieron los Padres, Loli y Jacinta tuvieron una aparición en los pinos. Esto fué durante el día. Estaban ahí estos dos Padres presentes y viéndolas a ellas en éxtasis, creyeron. Cuando pasó un pequeño rato y las dos en éxtasis, el Padre Ramón María pensó:

 

—Si todo esto es verdad que se le vaya a una de ellas.

 

    Inmediatamente se le fue la visión a Loli; a los pocos minutos se le volvió a aparecer la Virgen.

 

    Los Padres esto lo admitieron como una prueba.

 

 “Hemos hablado, a propósito de esto con el P. Ramón Ma. Andréu. Reproducimos aquí parte del diálogo:

 

Pregunta: Cuando Conchita cuenta en su diario este éxtasis de Loli y de Jacinta dice que Ud. lo consideró como una prueba. ¿Es eso verdad?

 

El padre: Sí, es cierto. Pero todo esto es un poco más largo que la cita de Conchita en su diario.

 

Pregrunta: ¿Podria darnos V. algunas precisiones sobre su actitud y su disposición el día en que subió V. por primera vez a Garabandal?

 

El padre: Como V. puede suponer yo no pensaba en absoluto, cuando subí ese día a Garabandal que podía tratarse de fenómenos que tuvieran ningún interés. Cuando me invitaron para subir la primera vez yo respondí que no tenía tiempo para perderlo en apariciones. Generalmente yo estoy muy ocupado. Si por fin acepté en subir a Garabandal, fue solamente por no hacer un feo a la insistencia de los buenos amigos que me invitaban a ello y también porque me vendría bien un día de descanso después de unas cuantas tandas de ejercicios que había dado seguidas.

 

Pregunta: Y su hermano, el P. Luis Ma., creía?

 

El padre: No, de ninguna manera. No teníamos ninguna prueba por el momento. Creo que ninguna persona inteligente puede creer en ello sin tener al menos un mínimo de pruebas.

 

Pregunta:¿ Podría V. decirnos exactamente cómo tuvo lugar esto que nos cuenta Conchita?

 

El padre: Con mucho gusto. Era, como les digo, la primera vez que subí a Garabandal. Ya ese día habíamos visto algunos éxtasis, antes que sucediera lo que Conchita nos cuenta. Cuando la tarde estaba avanzada nos encontrábamos en los pinos. Loli y Jacinta estaban en éxtasis. Había muy poca gente junto a las niñas. Yo me encontraba muy cerca de ellas. Les oía hablar con su Visión con esa voz baja y como con sordina, que es característica en sus éxtasis. Entendía frases sueltas.

 

    Al cabo de unos ocho o diez minutos, yo pensé que quizá se tratara de un caso de hipnotismo. Reconozco que fue un pensamiento vulgar y desprovisto de toda originalidad, pero fue así. Miraba a mi alrededor a fin de descubrir el autor de esta hipnosis. Ví el rostro de D. Valentín, de Ceferino, de Julia, de otros que estaban presentes, en ninguno encontré la solución. Todos tenían una expresión de sorpresa admirativa. No estaba allí el hipnotizador. Ya para entonces había visto a las dos niñas entrar y salir del éxtasis. Lo hacían a la vez. Daba la impresión como si no tuviesen más que una sola alma. Lo que pensé en ese momento no me parece que tuviera mucho sentido. Pero lo pensé así: Si una de las dos ñiñas volviera en sí y la otra quedara en éxtasis.

 

    En este mismo momento, Loli, que era la que estaba más cerca de mí, volvió ligeramente la cabeza y me miró sonriente. Yo le pregunté :

 

— ¿Tú no ves a la Virgen?

    Ella me respondió:

 

— No, señor.

— ¿Y por qué? insistí yo.

 

— Porque se me retiró.

    Jacinta estaba todavía en éxtasis. Yo dije a Loli;

 

— Mira a Jacinta.

    La niña la miró y sonreía al verla en éxtasis. Era la primera ves que veía a una de sus compañerai en éxtasis, estando ella normal.

 

    Yo le pregunté:

— Y ¿qué te dice la Virgen?

 

    Iba a responder cuando quedó de nuevo en éxtasis. La cabeza hacía arriba. Y escuché el siguiente diálogo entre las niñas y la Visión.

 

Jacinta: Loli, ¿Por qué te fuiste?

Loli: (Dirigiéndose a la Visión) ¿Por qué te me retiraste?   Hubo una pausa.

 

Las dos (a la vez): ¡Ah, entonces es por eso. Entonces es para que crea!

 

    Al oír esto yo me volví a mi hermano el P. Luis  y le dije:

— Ten cuidado con lo que piensas que aquí la transmisión de pensamiento es fulminante.

 

    Mi hermano me dijo:

— ¿Te ha sucedido algo?

 

— Sí, le respondí.. Ya te lo contaré.

 

Pregunta: Padre, a partir de ese momento ¿creyó V.?

 

Padre: Indudablemente que todo esto llamó mi atención y me dió qué pensar. Comprendí que no se trataba de una comedia o simulación y que era un tema muy interesante para un estudio más profundo. Caí en la cuenta de que nos encontrábamos ante fenómenos que eran apasionantes tanto para médicos como para teólogos.

 

    De ahí a creer, hay un paso que no se da fácilmente. Una cosa, sin embargo, es cierta: tomando en conjunto todos los hechos a los que yo he asistido, incluso, de alguno de ellos yo he sido sujeto, aún mirados con un cierto escepticismo y reserva, puedo afirmar de nuevo que no se trata de ninguna comedia o simulación por parte de las cuatro ñiñas. Claro que decir eso es casi como no decir nada. Plantearse el problema no es todavía resolverlo. La pregunta es siempre la misma; ¿Cuál es la causa de estos fenómenos a los que yo he asistido, que yo mismo he visto, y de los que éste que acabo de referirles no es más que una mínima parte? A cuantas personas he hecho esta pregunta, todas las veces que lo he preguntado, me he quedado sin respuesta.”

 

    Un día en que las cuatro tuvimos visión: Loli, Jacinta, Mari Cruz y yo, había muchas personas y entre ellas el Padre Luis María Andreu y un seminarista, Andrés Pardo, y el Padre Royo Marín, Dominico. Era de noche cuando se

nos apareció ese día la Virgen. A la salida del rosario nos pusimos en éxtasis las cuatro y empezamos a caminar hacía los pinos. Llegando allá, el P. Luis María dijo: ¡Milagro, Milagro! y se quedó mirando hacia arriba. Nosotras le veíamos bien, pues, en nuestros éxtasis no vemos a nadie, únicamente a la Santísima Virgen.  Al Padre Luis en esta ocasión lo vimos, y la Virgen nos dijo que él también la veía y el milagro que se producirá.

 

    “En sus éxtalis las niñas no ven a nadie más que a la Aparición y ellas entre sí. Si una de las niñas está en éxtasis y la otra no, la que está en éxtasis no ve a la otra. Lo mismo sucede con relación a los que presencian el éxtasis.

 

    Existe sin embargo una excepción, esta excepción tuvo lugar el día 8 de Agosto de 1961 cuando el P. Luis María Andreu presenciando un éxtasis, pronunció por cuatro veces la palabra "Milagro". Conchita y las otras tres niñas han asegurado que la Virgen les dijo que el P. Luis María había visto a la Virgen y por anticipado, el Gran Milagro anunciado por la Virgen.

 

    Durante los éxtasis, la anestesia al dolor causado desde fuera es completa. Las niñas no sentían ni los pinchazos, o pellizcos que pudieran causarles. Tampoco las quemaduras. Sin embargo eran muy sensibles a todo lo que procedía de su visión. Como ejemplo puede citarse un día en que la Virgen había dejado su corona con "estrellucas doradas" a las niñas y éstas se la pasan unas a otras. Una de las niñas dijo al recibir de otra la corona:

 

—¡Ay, me lastimé con una de las estrellucas!

 

   En otra ocasión en que Loli y Jacinta estaban en éxtasis, una de ellas, tomando del suelo una piedrecita rozó con ella la mano de la otra. Esta reaccionó diciendo:

 

   ¡Ay, me has hecho daño con la piedra!”

 

“El Gran Milagro al que hemos hecho alusión cuando nos referimos al P. Luis María Andreu, diciendo que lo había visto por anticipado, ha sido anunciado por Conchita, de parte de la Visión. Las precisiones que acompañan a este anuncio son numerosas. Pero antes hay que decir algo del Aviso.

 

   EL AVISO: Citamos un fragmento de una carta de Conchita que lleva la fecha del 2 de junio de 1965:

 

    "Antes del milagro, me ha dicho la Virgen el día 1 de Enero, habrá un aviso para que el mundo se vaya enmendando. Y ese aviso es como un castigo. Es muy temeroso, para buenos y para malos. Para los buenos para acercarlos más a Dios. Y para los malos para avisarles que viene el fin de los tiempos. Y que son los últimos avisos. Es muy largo, no se puede decir por carta. Esto ya no la quita nadie de que venga. Es seguro. No sé el día ni nada de fecha".

 

    Se sentirá en todo el mundo. Vendrá antes del Milagro aunque ella no sabe cuándo. Se verá que viene de Dios. Su duración, la niña la desconoce. Conchita añade todavía que en el Aviso veremos todo lo que hemos ofendido a Dios con nuestros pecados y lo que hemos hecho con ellos en la Pasión del Señor.

 

    El Gran Milagro: Después del Aviso vendrá el Milagro de que aquí, en el Diario se habla. He aquí las precisiones que sobre ello nos deja Conchita. Ella misma sabe la fecha exacta. Conchita deberá anunciar esta fecha con ocho días de anticipación. El milagro será tan grande como lo exigen nuestros tiempos y mayor que el que tuvo lugar en Fátima. Será visible desde Garabandal y en los montes que lo circundan. Será un jueves coincidiendo con la festividad de un santo mártir vinculado con la Eucaristía. También coincidirá con un acontecimiento grande de la Iglesia. Este acontecimiento ya ha tenido lugar alguna vez en la Iglesia, pero no en vida de Conchita. Tendrá lugar a las ocho y media de la noche. hora de la primera aparición. Durará como diez minutos o un cuarto de hora. Dejará una señal que por sí misma será un milagro. No será necesario que Conchita o alguna de las otras tres niñas estén presentes en el milagro, que Dios hará por intercesión de la Virgen María. Los enfermos que estén presentes se curarán y los incrédulos recobrarán la fe. El Padre Pio verá el milagro desde donde esté y también lo verá el Papa, es decir el que sea Papa en el momento del milagro. El Papa verá el milagro desde donde esté. Después del milagro, si el mundo no se convierte Dios enviará un castigo.”

 

    La gente nos dijo que en los pinos habíamos recitado un Credo (esta fue la primera vez que la Virgen nos enseñaba a rezar) y que después habíamos descendido hacia el pueblo en el mismo estado. Cuando llegamos a la Iglesia la Virgen se fue para nosotras tres, pero a Mari Cruz ya hacía varios días que no se le aparecía la Virgen, ella siguió en éxtasis y entró en la Iglesia junto al altar de la Virgen del Rosario y de San Miguel, empezando a rezar con la Santísima Virgen el Credo muy despacio. La misma Mari Cruz decía que la Virgen iba rezando delante, para enseñarla a rezar despacio, muy bien. Después del Credo. Man Cruz dijo la Salve e hizo el signo de la Cruz lentamente y muy bien, y hablando con la Santísima Virgen ella exclamaba:

 

—¡Hay, qué bien que vino el Niño Jesús! ¡Cuánto hacía que no venía!. ¿Por qué tardaste tanto en venir conmigo y con las otras tres vienes más?

 

    Esto se lo escuchamos varias personas que estuvimos junto a ella, entre estos el Padre Luis María Andreu, un seminarista y el Padre Royo Marín.

 

    Al día siguiente fuimos nosotras cuatro, a barrer la Iglesia y al estar barriendo vino la mamá de Jacinta muy asustada y nos dijo:

—¡Se há muerto el Padre Luis María Andreu!

 

    Nosotras no le creíamos pues lo habíamos visto el día anterior. Entonces, dejamos la Iglesia a medio barrer y nos fuimos a enterar con la demás gente. Nos dijeron que cuando ya se iba a morir sus últimas palabras fueron:

—¡Hoy es el día más feliz de mi vida! ¡Qué Madre más buena tenemos en el Cielo!

 

    Después murió.

 

    Esto aconteció en el camino que va a Reinosa. Cuando se marchaba de San Sebastián de Garabandal en el coche en que viajaba iban Carmen Fontaneda y su marido Faito Fontaneda y varios más.  La mamá del Padre Luis María Andreu entró de monja de clausura después de la muerte de su hijo.

 

“La muerte del P. Luis María Andreu, forma parte importante en los acontecimientos de Garabandal, como se puede ver por el diario mismo de Conchita. Este padre era profesor de teología en la facultad que la Compañía de Jesús tiene en Oña, provincia de Burgos. Había hecho sus estudios en Oña, Innsbruck y Roma. Cuando murió tenía 36 años.

 

    Había subido por primera vez a Garabandal en los últimos días del mes de Julio. Volvió a subir el día 8 de Agosto de 1961. Ese día D. Valentín le dió las llaves de la Iglesia porque él tenía que ausentarse de la parroquia. Dijo su última Misa en Garabandal. Por la tarde del día 8 de Agosto hubo un éxtasis de las cuatro niñas que comenzó en la Iglesia. Después las niñas salieron en una marcha estática de larga duración. Se paraban en los sitios donde anteriormente habían tenido algún éxtasis y rezaban allí. El P. Luis María siguió todo este éxtasis. Las niñas subieron a los pinos. Con ellas subió también el P. Luis María. Estando en los pinos es cuando el P. Luis María entró en el campo de visión de las niñas y cuando por cuatro veces pronunció la palabra "milagro".  Las niñas han descrito cómo le vieron. "Estaba de rodillas, el sudor le caía por la cara, la Virgen lo miraba como diciendo: Muy pronto estarás conmigo".

 

    Un rosario que el P. Luis María había dejado a Loli para que la Virgen los besara, se perdió en el monte. El éxtasis terminó en la Iglesia. Vueltas en sí, le dijo Loli al padre:

 

—He perdido tu Rosario, pero la Virgen me ha dicho dónde está. Vamos a buscarlo.

 

    Serían pasadas las 10 de la noche. Julia la Madre de Loli, dijo:

—No, ahora no. Mejor mañana con luz.

 

    Y el P. Luis María dijo:

—Sí mejor mañana con luz. Y si lo encuentras no se lo des a nadie más que a mi hermano, que aunque yo no vuelva, pero mi hermano sí que volverá. Así es como lo hizo Loli al día siguiente y encontró el Rosario en el mismo sitio exactamente qué con toda claridad se lo había dicho la Virgen.

 

    Esa noche, el P. Luis María, bajó de Garabandal en jeep, hasta Cosio. Allí esperó a los que bajaban andando. Estaba dentro del coche esperando sobre la una de la madrugada, cuando llegó D. Valentín. Se acercó al coche para preguntarle algo y el P. Luis le dijo:

 

—D. Valentín, lo que las niñas dicen es verdad, pero V. no lo diga todavía, porque toda prudencia por parte de la Iglesia en estas cosas es siempre poca. Esta frase la escribió D. Valentín en su diario esa misma noche antes de que tuviera él noticia de la muerte del P. Luis María.

 

   Camino de Aguilar de Campoo iba una caravana de unos cuatro coches y entre ellos iba el P. Luis María. En ese coche había otras tres personas más. El P. Luis María durmió durante un rato y al despertar dijo:

 

—Qué sueño tan agradable he tenido. Ya no estoy ni siquiera cansado.

 

    Llegaron a Reinosa sobre las cuatro de la madrugada. Allí pararon todos los coches a la entrada del pueblo en una fuente. Descendieron de los coches para beber agua mientras el P. Luis permaneció en el suyo, con la puerta abierta, rodeado de las demás personas que le hacían preguntas sobre lo que habían visto.

 

    Al momento de salir quedó en el último lugar el coche en que viajaba el P. Luis María. Dentro de Reinosa, todavía, el P. Luis dijo:

 

—"Estoy pleno de alegría. Qué regalo me ha hecho la Virgen. Qué suerte tener una madre así en el cielo. No hay que tener miedo a la vida sobrenatural. Las niñas nos han enseñado cómo hay que tratar a la Virgen. Para mí ya no puede quedar duda. Por qué nos habrá elegido la Virgen a nosotros? Hoy es el día más feliz de mi vida. Al decir esto levantó la cabeza. Como dejó de hablar le preguntaron:

 

—Padre, le pasa algo? —y él respondió:

    No, nada, sueño. Y diciendo esto bajó la cabeza.

 

    El mecánico se volvió y al verle dijo:

—Ay, el Padre está muy mal. Tiene los ojos vueltos.

 

    Allí mismo había una clínica. Nada se pudo hacer más que constatar la autenticidad de su muerte. No se conocía en él enfermedad ninguna. Murió, podríamos decir, de felicidad, sin agonía. Tenía en el rostro una leve sonrisa de felicidad.

 

    La historia de este padre y Garabandal no termina con su muerte. Las niñas han hablado frecuentemente con él, como Conchita nos dirá en su diario. Lo más sorprendente es que la Virgen le ha comunicado a Conchita que el día siguiente al milagro, este padre será exhumado y aparecerá su cuerpo incorrupto, tal como el mismo día en que lo enterraron.

 

    Conchita lo dice así en una carta:

 

    "El 18 de Julio he tenido una locución y en ella me ha dicho que el día siguiente del milagro sacarán a su hermano de la tumba y saldrá incorrupto".”

 

 “Conchita cita los testigos de la manera cómo murió el P. Luis María. Faito Fontaneda es diminutivo de Rafael Fontaneda. Su esposa es Carmen Fontaneda. Con ellos iba una hija de ambos que en el momento de la muerte del padre, tendría como unos seis años. El mecánico se llamaba José Salcedo.”

 

    La madre del P. Luis María ingresó religiosa de clausura en la Orden de la Visitación en San Sebastián (Guipuzcoa) en el mes de octubre, algo más de un mes después de la muerte de su hijo. La familia Andreu se compone de seis hermanos, de los cuales cuatro ingresaron en la Compañía de Jesús y se ordenaron de sacerdotes. El mayor es José María y está casado, vive en Madrid. El siguiente es el P. Alejandro María, misionero en Venezuela, el que le sigue es el P. Ramón María, de quien se habla en el diario de Conchita. Su residencia habitual es España. A este le seguía el P. Luis María. Tras él vino el P. Marcelino María, que desde años es misionero en Formosa. El menor de todos es Rafael, casado.

 

    La señora Andreu, que dio cuatro de sus hijos a Dios, ingresó religiosa en el mes de Octubre de 1961. Tomó el hábito el día 19 de Marzo de 1962. Hizo la profesión religiosa de votos perpetuos el 19 de Marzo de 1965. En esta ocasión solemne Su Santidad Pablo VI quiso que todos sus hijos vinieran de sus terrenos de misión para participar en tal solemnidad. Para ello el mismo Papa financió los gastos del viaje de ida y vuelta del P. Marcelino desde Formosa. Con esta ocasión envió a la Hna. Luisa María una especial bendición y felicitación aludiendo el alma sacerdotal que las madres pueden transmitir a sus hijos.”

 

    Pasados unos días después de la muerte del Reverendo Padre Luis María, nos dijo la Santísima Virgen que íbamos a hablar con él.

 

“Sobre estas conversaciones que las niñas tuvieron con el P. Luis María después de su muerte, hemos preguntado al P. Ramón María:

 

Pregunta: Padre, estuvo V. presente a alguna de estas conversaciones?

Respuesta: Sí, asistí a las primeras.

 

Pregunta: Qué efecto le hicieron?

 

Respuesta: Cuando me lo dijeron quedé desconcertado. La primera noticia me la dio un caballero de Burgos llamado Santiago Gredilla. Era hacia el día 14 de Agosto. Yo acababa de enterrar a mi hermano y por esa razón acababa también de subir a Garabandal. Este caballero me dijo que las niñas decían en sus éxtasis:

 

—Ay, qué bien. Entonces, vamos a hablar con el P. Luis?

 

    Esto me decepcionó completamente y pensé que se trataba de un caso de fácil sugestionabilidad de las niñas. En ese momento pensé ausentarme de Garabandal.

 

Pregunta: Y por qué se quedó?

 

Respuesta: Porque aquellos con quienes había ido querían quedarse.

 

Pregunta: Y qué sucedió después?

 

Respuesta: Que me quedé estupefacto al oir algunas de estas conversaciones. En una de ellas las niñas iban repitiendo todo lo que el P. Luis María les contaba relacionado con su muerte y con su entierro. Por ejemplo: cuando decían la manera cómo había sido amortajado, repetían los nomibres de los atuendos sacerdotales que le habían puesto. También la manera de cómo había habido algunas variantes. Así que no le pusieron bonete, que las manos llevaban el crucifijo en lugar del cáliz. También la razón de por qué se hizo esto.

 

    En otra de las conversaciones también oí cómo hablaban sobre el hecho de que mi hermano había muerto sin haber hecho todavía la última profesión. A la vez hablaban de cuando yo la hice, del sitio y de otro compañero que la hizo conmigo. Este era un tema en el que yo no había pensado y por eso era verdaderamente asombroso para mi el oirlo con tanta exactitud. También presencié y oí en boca de las niñas frases en diversos idiomas así como el Ave María en griego, tal como Conchita lo cuenta en su diario.

 

Pregunta: Y qué piensa V. de todo eso?

 

Respuesta: Que no deja de ser una cosa muy asombrosa. Por lo demás yo me he limitado a constatar la historia que allí he visto. Si Uds. se refieren en su pregunta a la calificación de los hechos, he de decirles que en la Iglesia hay quienes tienen la obligación de estudiarlos y calificarlos y a mí me toca nada más que esperar esta calificación.

 

    Ponemos a continuación una carta que el Padre nos deja leer y fotocopiar y que se refiere a algo que le hemos preguntado.

 

    "Sólo dos letras para decirte que he hablado con el Padre Luis y me ha dicho que te dijera a Ud. que estaba haciendo las cosas muy bien y que él tiene ganas de que vengas aquí pero que tenías que seguir obedeciendo al Señor Obispo.

 

    También me dijo cómo se llamaba Jacinta y Cruz en francés. Y me dijo cómo se escribía. Me dijo que era así:

    Loli — MARIE DES DOULEURS; Cruz — MARIAE-CROIX

    Jacinta — JACINTHE; MARIE-CONCEPTION Bueno no le pongo más porque J'AI UN APPEL Reciba el cariño de Conchita González. Adiós. Y me dijo este cantar en francés:

 

    Espoir, Espoir. Au ciel estoilé,

    Espoir et sourit Notre Mére.

    Parait et sourit Notre Mére.

    Espoir, Espoir. Marie a parlé

    Son FILS entend Notre priére

 

     Si no te entiende en francés me lo dice y yo le digo al Padre Luis que me lo diga. Empieza: Esperanza. Nota del traductor: Ponemos a continuación la traducción de estas canciones:

 

Esperanza, Esperanza. En el cielo estrellado

aparece y sonríe Nuestra Madre,

Esperanza, Esperanza. María ha hablado.

Su Hijo escucha Nuestra Plegaria.”

 

    El día 15 de Agosto, fiesta de Nuestra Señora, hubo muchas excursiones y venían de juerga y armando escándalo. Ese día era cuando nos había dicho la Virgen que teníamos que hablar con el P. Luis María Andreu, pero como había escándalo no vino hasta las 4 de la mañana del día siguiente a la misma hora en que se había muerto el Padre Luis. Entonces sí se me apareció en mi cocina la Virgen y me dijo:

 

    "Ya hoy no vendrá el Padre, pero vendrá mañana''

 

    Al día siguiente entre las 8 o 9 de la noche se nos apareció la Santísima Virgen muy sonriente como de costumbre y nos dijo a las cuatro:

 

—"Ahora vendrá y os hablará el Padre Luis".

 

    Al poco rato vino y nos llamó a una por una, pero nosotras no le veíamos nada, únicamente oíamos su voz. Era exactamente igual que cuando hablaba en la tierra cuando nos daba consejos.

 

    Nos hizo algunos encargos para su hermano el Padre Ramón Ma. Andreu. Nos enseñaba palabras en francés y aún a rezar en griego. También nos enseñó palabras en inglés y en alemán.

 

    Al cabo de un rato ya no escuchábamos su voz. Entonces se nos apareció la Virgen, quien estuvo un momento más y se marchó.

 

    Nos dijo la Virgen ese día:

—Mañana oiréis una voz, no os asustéis, pero seguidla.

 

    Al día siguiente, a la misma hora del otro día se nos apareció la Santísima Virgen a las cuatro; estuvo unos minutos muy sonriente, pero no nos dijo nada ... A los pocos minutos se nos hizo de noche y oímos la voz que nos llamaba. Entonces Mari Cruz exclamó:

—¡Dinos quién eres, pues si no, nos vamos a casa!

 

    Mientras oíamos esa voz estaba muy oscuro y no veíamos a la Virgen, pero después venía Ella y se ponía muy claro y nos dijo:

—No os asustéis.

 

    Después nos habó un momento. Precisamente esa noche fue la primera noche que nos besó, una por una, y después se marchó.

 

“Conchita lo recuerda con un sentimiento de felicidad. A lo largo de sus éxtasis era muy frecuente ver a las niñas poniendo la cara para recibir en ellas el beso de la Virgen María y a la vez se veía a las niñas cómo ellas la besaban. Esto generalmente sucedía al momento de terminar la Visión cuando la despedida. También era muy frecuente que el éxtasis terminara santiguándose las niñas a la vez que con el beso.”

Hacer clic aquí para leer testimonio de TERESA TSEU, hermana adoptiva de los hermanos Andreu.

A.M.G.D  y a la  B.V.M

 

(A Mayor Gloria de Dios y a la Bienaventurada Virgen María)

Estas páginas están dedicadas a nuestra madre del cielo y a D.Rafael Jardón Méndez  (1946-2011)

www.virgendegarabandal.com

www.pueblodemaria.com

La familia Andreu y Garabandal

Garabandal